Como respuesta a esa barbaridad de manifiesto en contra del aburrimiento, he redactado unas cuantas afirmaciones. De parte de alguien que ha aprendido a aburrirse, y ha descubierto que no tiene por qué ser algo necesariamente negativo:
- La diversión está sobrevalorada. Es más, se la suele equiparar a la euforia incontenida; también se sirve de la creencia, completamente errónea, de que la felicidad es algo que te ganas con tu esfuerzo, que te buscas tú, y que hay que mover el esqueleto para encontrarla. Lo cual es un tópico despreciable.
- El aburrimiento también se puede compartir y disfrutar. Yo paso un cuarto de hora de aburrimiento con mis seres queridos a menudo, y no nos queremos menos, sino todo lo contrario.
- Quedarse en casa mirando al techo no tiene por qué ser malo. Déjate de hacer actividades para esquivar el aburrimiento, porque en primer lugar, el aburrimiento siempre llega primero a tu encuentro, y segundo hay actividades aburridísimas que en principio nos parecía un huracán de diversión.
- La diversión preparada de antemano puede traer fracaso. El aburrimiento nunca te decepciona, nunca crea falsas expectativas... es inmutable. Para colmo, hay distintos grados de aburrimiento.
- El cine, como cualquier otro sendero cultural, es mucho más... muchísimo más que puro entretenimiento y terapia. El cine era un instrumento de feria en sus comienzos... pero en menos de una década ya se había forjado las estructuras de guión y la narrativa, por no hablar de la técnica, que se emplean todavía hoy. El cine es arte, y a veces aburre, y no se muere uno de eso.
- La búsqueda constante de estímulos es una chorrada posmoderna que se inventaron Freud y sus compadres. Un exceso de estímulos no enriquece la vida sexual; del mismo modo, tampoco enriquece el espíritu una penitencia de actividades.
- En casa se pueden hacer un millón de cosas aparte de jugar a la consola. Pero es que tampoco sucede nada por jugar a los Pokémon una tarde entera.
- El aburrimiento, antes que resignación, es un agente activo, y creativo. Muchas de mis ideas las he tenido en la cama mirando el gotelé de la pared. El activismo es una paradoja, porque trata de hacer consciente algo que tendría que surgir de la voluntad... y no continúo porque es aburridísimo de seguir explicando. Además, nada hay más ridículo que un animador peleando incansable contra el tedio, a quien podemos convertir en nuestro amigo con un par de buenas charlas. El aburrimiento creó Ubú Rey, de Alfred Jarry, creó The Royal Tennenbaums, de Wes Anderson, docenas de novelas policíacas, y todo el movimiento punk. ¿Qué ha creado una tarde en el parque de atracciones sino quemaduras en la espalda y estar hasta las cookies de niños gritando?
- El psicólogo que ideó el Manifiesto contra el Aburrimiento sólo busca que la gente se dé cabezazos contra la pared tratando de hacer algo de modo poco natural... para que luego vayan llorando a su consulta.
- Nuestro país tiene un serio problema con la tranquilidad, la calma, y con el aburrimiento. Por eso volvemos una y otra vez a contar historias sobre la Guerra Civil. La gente está desanimada porque vivimos en un país de sueldos miserables a cambio de la idolatría del trabajo, y porque los impresentables campan a sus anchas injustamente. No creo que desánimo = aburrimiento sea una ecuación muy pensada, la verdad.
- La rutina no tiene la culpa de nada. No está demostrado en absoluto que la actividad sea terapéutica por sí misma... tiene que estar acompañada de reflexión... y el aburrimiento es un maravilloso condimento.
- La sociedad no cambia al ritmo que marcamos individuos como usted y como yo; hay individuos más sociales, y otros menos, y punto. Además, Facebook está un paso por delante nuestra, no lo olvide. Y por supuesto va un paso por delante de Faith Popcorn.
Larga vida al aburrimiento... y como todo lo bueno, tómese con moderación.
Libros de Ben Clark
Hace 4 horas




1 comentarios:
Leídos ambos manifiesto, me manifiesto a favor del manifiesto a favor.
"La diversión preparada de antemano puede traer fracaso. El aburrimiento nunca te decepciona, nunca crea falsas expectativas..."
Esta frase, digna de Vicente Maroto de "La que se avecina" es una verdad como un templo.
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