martes 18 de octubre de 2011

Ebrio de vida

martes 18 de octubre de 2011

A Tolstói puede aplicarse esa frase que Juan Villoro dedicó a Valle-Inclán: "ningún escritor ha sido tan consecuente con sus barbas como él". La barba de Tolstói es enmarañada, blanca, larga y peligrosamente bondadosa. La barba de Tolstói es Rusia: extensa, nevada, frágil, castigada. La escritura de Tolstói es inquieta, implacable, poco amiga de los elogios de los americanos que visitaban al autor, poco complaciente y hasta cruel con la clase intelectual rusa. Como su barba. Tolstói era un autor apasionado en su estudio, preocupado por la injusticia social y a la vez cansado del socialismo, creyente sin iglesia, amigo en la distancia de Ghandi, enemigo en la distancia del liberalismo y la ciencia. Amaba a sus hijos pero, al contrario que su esposa, era incapaz de sentir pena por la desaparición de algunos de ellos. A veces desvariaba y ponía más carne en el asador de la que debía. Comía poco y despacio. Cenaba Placeres crueles. Era un tipo consciente del daño que pueden hacer los libros.
Estos elementos, y muchos más, los he sacado de una biografía atipica: la del Nobel Romain Rolland que fue escrita poco después de la muerte del autor de Guerra y Paz en 1911. Y digo atípica porque en biografía tendemos a un más que razonable sentido objetivo, se busca una distancia conveniente respecto al personaje; sin embargo, aquí hay un nada disimulado amor hacia el objeto de la misma hasta en las notas al pie, llenas de prodigios. Rolland escribe sobre Tolstói con la misma pasión que el escritor tenía por el arte más complejo de todos: vivir. Se equivocó muchas veces, y se contradijo hasta la contradicción del término, hasta tener esa sensación pasajera de que las palabras se las ha repetido tanto a sí mismo que ya han perdido todo su sentido y las acaba odiando por un tiempo, como esos experimentos musicales, esos valses tímidos que escribía (reproduzco un fragmento en el vídeo). Sentía vergüenza. Como Gorki. Era el evangelista de Yásnáia Poliana. Su propia fe le quemaba las entrañas.
Más de una vez Tolstói fue derribado y sus alas, destrozadas. Pero no deja de intentarlo. Vuelve a levantar el vuelo. Helo aquí planeando en el "cielo vasto y profundo" con sus dos grandes alas; una de las cuales es la razón, la otra, la fe. Pero ahí tampoco encuentra la ansiada paz que busca. Ya que el cielo está en nuestro interior. Tolstói bufa en él -en nosotros- sus tempestades de pasiones. Ello lo distingue de los apóstoles que renuncian: pone en su renuncia tanto ardor como ponía en su vida. Y nunca deja de abrazar la vida, con una conciencia de enamorado. Está "loco por la vida". Está "ebrio de vida". No puede vivir sin esa ebriedad. Ebrio de felicidad y de desdicha a la vez. Ebrio de muerte y de inmortalidad. Su renuncia a la vida individual no es sino un grito de exaltada pasión por la vida eterna. No, la paz a la que aspira, la paz del alma de la que habla no es la de la muerte. Es la de esos mundos incandescentes que gravitan en los espacios infinitos. En él, la cólera es calma, y la calma está en llamas. La fe le dio nuevas armas para reanudar, más implacablemente todavía, el combate que, desde sus primeras obras, no había cesado de librar contra las mentiras de la sociedad moderna. Ya no se limita a ciertos tipos de novela, ataca a todos los grandes ídolos: hipocresías de la religión, del Estado, de la ciencia, del arte, del liberalismo, del socialismo, de la instrucción popular, de la beneficencia, del pacifismo... las fustiga, se ensaña con ellas.
El mundo ve, de tanto en tanto, aparecer una de esas grandes mentes indignadas que, como Juan el Precursor, lanzan anatemas contra una sociedad corrupta. La última de esas apariciones había sido Rousseau. Por su amor a la naturaleza, por su odio a la sociedad moderna, por su feroz independencia, por su fervorosa adoración del Evangelio y por la moral cristiana, Rousseau es el precursor de Tolstói, que se reivindica como su heredero: "algunas de sus páginas me inquietan profundamente, tengo la impresión de haberlas escrito yo."


- VIDA DE TOLSTÓI, Romain Rolland, Acantilado (2010). Traducción de Selma Ancira y David Stacey.
 
NEDHAM INDEPENDENT ◄Un producto sensacional de Daniel Jándula / Design by Pocket, BlogBulk Blogger Templates