Una tira de mar que centellea en gris
al borde mismo del cielo:
una pared azul oscuro
que parece tierra.
Allí reposan mis anhelos
antes de volver a casa.
"Pero ya he dicho que el conocimiento de la realidad es sólo una de las funciones de la inteligencia. También es tarea suya inventar nuevas posibilidades y también en esta tarea se deja seducir desde la lejanía por la idea de racionalidad (...) la inteligencia se define por sus proyectos y su proyecto de mayor envergadura es el de un sujeto inteligente o de una vida inteligente. Pues bien, ese proyecto se concreta en un sujeto universalizado por la razón, dispuesto a plegarse ante el argumento más poderoso o ante el valor más alto, que no sería sino la mejor posibilidad pensable.
¿No estaré usando palabras sin sentido? ¿Existe acaso ese valor universal y absoluto? Espero que el lector no se me encrespe cuando me oiga decir que eso no tiene importancia. La pregunta importante es: ¿Podemos inventar un valor absoluto, que aparezca deslumbrante, firme, irrenunciable, fascinador, en una evidencia compartida por todo ser inteligente? ¿Existe esa posibilidad real?
Sí. La inteligencia racional o, para decirlo en lenguaje más exacto, la especie humana que proyecta su evolución consciente y elige sus propios caminos a lo largo de una historia larga, confusa, accidentada, llena de pasos en falso, avances y retrocesos, heroicidades y canalladas, ha encontrado un modelo de humanidad irremediablemente atractivo a toda inteligencia, que puede además servir de criterio para evaluar otras elecciones. Ese valor supremo es la dignidad humana."
"Nunca podemos estar seguros de lo que la otra persona ve. Y en un acto que nos parecía sencillo, uniforme y pasivo, esta repentina indeterminación nos sorprende. Aunque sigamos la mirada de nuestro acompañante durante un paseo, no podemos adivinar el paisaje que está viendo. Coincidimos en el nivel básico, por supuesto. Ambos vemos la Sierra de La Cabrera, con su superficie gris y desmenuzada. Pero ignoro si es en ese nivel donde está instalada la percepción del otro. El mismo campo no es el mismo para un pintor y un alimañero. Cada uno percibe en él un rostro distinto y lee un alfabeto diferente. Transfigurada por la inteligencia, la pura percepción sensible parece un terreno resbaladizo, donde nos mantenemos con dificultad. Completamos lo visto con lo sabido, damos estabilidad a lo que no lo tiene, interpretamos los datos dándoles significado. No se trata de que veamos las cosas y luego las interpretamos, sino que la inteligencia parece funcionar al revés: vemos desde el significado. Intente el lector mirar una palabra sin leerla. Las letras son líneas, pero la mirada inteligente no quiere descansar en ellas, y va más allá. No ve: lee. Y esta percepción elaborada es inevitable. J. Bruner, uno de los psicólogos más influyentes de los últimos decenios, tituló un estudio sobre la percepción con una frase sugerente: Beyond the information given. Más allá de la información dada. Así funciona la mirada inteligente: anticipa, previene, utiliza información sabida, reconoce, interpreta."
Ha pasado casi un año desde la última entrada acerca de este cuadro sobre los emigrantes españoles a Suiza. Cierro la serie con un vistazo que resume una parte de lo que me ha sucedido a lo largo de los once meses: el aprendizaje de lo que implica apoyarse en el respaldo y realizar ajustes. En el cuadro, el hombre de blanco alza el brazo derecho para mover el dial de la radio, en cuyo altavoz se buscaban noticias de la tierra, y coplas desde la lejanía.
Aquí el tiempo, mezclado con la pintura, ha empezado a devorar el asiento como podría hacerlo un ejército de termitas. Efectivamente, uno puede permanecer sentado sólo por un intervalo que a veces nos parece más reducido que el de otra época, pero esto del tiempo y la reflexión no es más que una ilusión. El movimiento que vuelve borrosa la pared, que emborrona la percepción, domina el cuadro en el que comemos y conversamos.
"La anchura de un hombre a través de las caderas es igual a la distancia desde la parte superior de la cadera a la parte inferior de la nalga, cuando está de pie balaceándose por igual sobre sus dos piernas, y la misma distancia hay desde la parte superior de la cabeza hasta la axila. La cintura, o parte más estrecha por encima de las caderas, está a mitad de camino entre las axilas y la parte inferior de la nalga.
Todo hombre a la edad de tres años tiene la mitad de la altura total que alcanzará finalmente.
Es muy diferente la largura de las articulaciones de los hombres y la de los jóvenes. En el hombre la distancia de la juntura del hombro a la del codo, desde la del codo a la del dedo pulgar y la de un hombro hasta la del otro es en cada caso igual a la de dos cabezas. En el joven, por el contrario, la distancia entre esas partes es igual a una cabeza. La razón de esto está en que la naturaleza forma para nosotros el lugar de tamaño apropiado para habitación de entendimiento antes de formar el lugar para los elementos vitales".
[Reproduzco a continuación un extracto del episodio 147 de Tierras, perteneciente al 4º cuaderno; el manuscrito del texto lo he encontrado esta tarde en el interior de un libro]
El anciano me
entrega un kiwi. Tiende la mano con un esfuerzo que parece haber reunido desde
mi llegada y deposita la fruta en mi mano que, sin saber cómo, he puesto en
forma de cuenco esperando que fueran semillas, flores, o líquido lo que deben
retener. Luego me sonríe desde el fondo de sus arrugas, y me quedo sin saber
qué decir. Musito unas palabras de agradecimiento que suenan a huecas
y salgo.
El sol da fuerte sobre los párpados, pero por acumulación de fuerza, pues aquí golpea en esta
época de un modo muy oblicuo y cada vez durante menos tiempo, asentándose en el
cielo un tono azul oscuro con consistencia propia de noche… por unos instantes, sólo
veo claridad y mi vestuario lanza destellos, como cuando uno abre un libro
después de pasar largo tiempo bajo la luz del día y no puede ver bien las
letras, y estas arden o bailan antes de adquirir solidez poco a poco. Sujeto el
kiwi, algo maduro, y me balanceo sobre él. Sopla una brisa agradable, y el olor
a sal lo inunda todo. Siento un breve escalofrío (¿acaso puede ser otra cosa
que no sea breve?). Cuando el mar está cerca, no importa la estación, los
escalofríos son habituales, la sensación de que puede hacer frío si uno pasa
mucho tiempo junto a él es perpetua.
"Así, pues, la humanidad se hallaba en un estado intermedio
entre la fiera y el héroe, entre lo bestial y lo divino. Era indispensable
arrancarla de aquella ambigüedad, de aquella contaminación. Matar, cortar,
extirpar cuanto de infrahumano quedaba aún en el hombre, para convertirle en un
superhombre, no en un hombre. Acercarle a Dios, e infundirle la verdadera
divinidad, eternamente viva en el espíritu y para el espíritu.
¿Cuál es la parte más excelsa, más digna, más noble y pura
del hombre? El alma. De proponerse actuar en el hombre para elevarle precisaba
actuar sobre su alma. Únicamente en esta dirección espiritual es posible
esperar un cambio radical, un trastorno total de las esencias y de los valores.
La parte más sublime del hombre es su única guía hacia la altura. En la vida
presente del espíritu está la semilla, el principio de la futura vida divina
del hombre. La contemplación del filósofo, el éxtasis del místico, la creación
del poeta —todo cuanto nos aleja de las humillantes necesidades de la
conservación corporal, del nauseabundo remolino de los intereses terrenales— se
halla en el espíritu. El espíritu es dúctil, maleable, perfectible. Reserva en
sí mismo promesas indefinidas, sorpresas inesperadas; muestra el germen de
otras aptitudes y constituye el movimiento inicial hacia maravillosos
desenvolvimientos. Si algo nuevo y grandioso ha de surgir en la vida del
hombre, procederá del espíritu. En él permanecen todos los valores y todos los
motivos de la vida externa, y el móvil de nuestros actos. Si de pronto cambiase
nuestro espíritu, toda nuestra vida cambiaría también. Si se propusiese fines
diversos, si destruyese ciertas preferencias y adquiriera otras, la existencia
de la humanidad sufriría un profundo cambio y se renovaría. Todas las
cuestiones —nacionales, sociales, morales— no son en el fondo más que
cuestiones anímicas, cuestiones espirituales. Al cambiar lo interior se cambia
lo externo; al renovar el alma se renueva el mundo.
Y el mundo debía ser renovado por completo. La vida de los
hombres —lenta, pesada, amodorrada, vulgar, física, infernal— me producía cada
vez más náuseas. Quería que también los demás sintieran estas náuseas y
encontraran fuerzas suficientes para salir a flote, para vencer y despreciar la
vida corporal, la vida tradicional, la vida bárbara y salvaje, mal oculta bajo
el hierro, el carbón y la electricidad."
Apareció por primera vez en un libro de cruzadas escrito en holandés, y en ella se desarrollan muchas de las historias creadas por Daniel Jándula. Se encuentra situada en algún punto perdido de una Europa aún más perdida; es una mezcla de Barcelona imposible, Berlín en llamas, el Baltimore de la serie The Wire, Gotham en verano, París ocupada por los nazis, el centro catastrófico de Tel Aviv, Londres bajo un sol permanente, y contiene algo de la humedad pegajosa de Roma.
Nedham Independent, su principal medio, informa puntualmente de las noticias más importantes de las calles de Nedham, así como de la obra y lecturas de uno de los escritores supervivientes a ella.